Ina de la Serna, sin grandes presupuestos pero con una planificación guiada por la bioconstrucción, decidió instalarse en el monte cordobés para levantar su propio hogar desde cero. Alejada de los métodos tradicionales de construcción en seco o mampostería industrial, Ina optó por volver a las bases. Su proyecto no comenzó con planos complejos, sino con la lectura del terreno, la elección del lugar exacto según la orientación del sol y los vientos, y el acopio de recursos que el propio entorno brindaba.
El primer paso de la obra fue asegurar una base sólida que alejara la humedad de la tierra. Para ello, se levantó un zócalo de piedra local sobre el cual se montó la estructura ósea de la casa. A diferencia de las paredes portantes de adobe puro, Ina optó por la técnica de la quincha, que consistió en erigir un entramado de postes y varas de madera firmemente abulonados y atados, creando una retícula flexible pero resistente que soportaría los embates del clima serrano y los movimientos sismológicos propios de la región.
Una vez lista la estructura de madera, el corazón de la obra pasó por el trabajo físico: el barro. El proceso exigió semanas de pruebas para dar con la mezcla justa. Con los muros ya consolidados y secos, llegó la etapa de las terminaciones, donde la casa comenzó a adquirir su identidad visual única. Se aplicaron revoques gruesos de barro y arena, alisados luego con manos sucesivas de revoque fino.
En las terminaciones superficiales, Ina incorporó pequeños fragmentos de mica recolectada en la zona. Al pulir las paredes y recibir la luz natural del sol que entra por las ventanas, esos minerales destellan sutilmente, generando un efecto visual particular en el interior. Sin depender de grandes empresas constructoras ni créditos hipotecarios, el proyecto avanzó al compás de la autogestión y el trabajo diario.
"Me armé mi casa", resume Ina sobre un proceso que implicó aprender de carpintería, mezclas, alturas y aislaciones. Lejos de la promesa mágica, la obra revela el costado más real de la bioconstrucción: una labor pesada, de prueba y error, donde cada pared guarda la memoria exacta de las manos que la moldearon.
"Cuando te das cuenta de que podés cobijarte con lo que la tierra te da, el miedo a faltar de recursos desaparece y aparece la verdadera libertad", dice Ina, reflejando su filosofía de vida y su conexión con la naturaleza.




