En la noche del 28 de junio, un sismo de 2.7 grados en la escala de Richter se hizo sentir en varias localidades de las sierras de Córdoba, generando preocupación entre los habitantes de la región. El movimiento telúrico se registró a las 23:55, a una profundidad de 22 kilómetros, según informó el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES).
El epicentro del sismo se localizó a 41 kilómetros al noroeste de Alta Gracia, 44 kilómetros al suroeste de La Falda y 53 kilómetros al oeste de la ciudad de Córdoba. Estas ubicaciones indican que el temblor afectó a una amplia zona de las sierras, aunque afortunadamente no se reportaron daños materiales ni heridos.
El INPRES destacó que el sismo fue percibido por algunas personas que se encontraban en reposo en Villa Carlos Paz y La Calera. Además, se sintió levemente en Tanti, Cosquín y otras localidades cercanas, donde algunos ciudadanos lo experimentaron mientras descansaban o en edificios altos.
Este evento sísmico se suma a otro registrado el sábado por la noche, cuando un temblor de 2.4 grados en la escala de Richter tuvo su epicentro en el valle de Calamuchita, siendo percibido en Villa General Belgrano. Estos movimientos son recordatorios de la actividad sísmica que caracteriza a la región cordobesa, aunque generalmente de baja magnitud.
Las autoridades locales y los organismos de prevención sísmica continúan monitoreando la situación para asegurar la seguridad de los habitantes. Aunque estos sismos no suelen causar daños significativos, es importante que la población esté informada y preparada para posibles eventos futuros.
La comunidad de las sierras de Córdoba está acostumbrada a estos fenómenos naturales, pero cada evento genera un recordatorio de la importancia de la prevención y la preparación ante emergencias. Las autoridades instan a los ciudadanos a mantenerse informados a través de canales oficiales y a seguir las recomendaciones de seguridad en caso de sismos.
Con la tranquilidad de que no hubo consecuencias graves, los habitantes de la región continúan con sus actividades cotidianas, pero con la conciencia de vivir en una zona sísmicamente activa. La preparación y la información son clave para enfrentar cualquier eventualidad en el futuro.



